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“¿Robo?” de recursos entre distribuidores Dynamics

18 de noviembre de 2017 | Ignacio Hernández

Todos lo hemos visto o sufrido en algún momento. Y teniendo en cuenta que llorar no vamos a llorar, (al menos no por pena, tampoco por el hecho, aunque sí un poco por la causa y sobre todo por la triste motivación que mueve al grupo de veintitantos al que un día le dieron un silbato y se creyeron Napoleón); decía que, teniendo en cuenta lo anterior, me he decidido a reflexionar sobre el asunto con ayuda de este artículo.

Claro que lo he visto muchas veces. Me ha pasado no una, ni dos, ni tres; me ha pasado decenas de veces. Recursos que prefieren dinero antes que formación. Jóvenes púberes que todavía recuerdan con añoranza sus años de educación secundaria obligatoria y que miran su futuro en términos de salario mensual, móvil y compañeros con los que tomar cervezas. Ellos se quejan de que no se les forma. No se les respeta. Mi pregunta es: ¿Qué entienden ellos por formación? 150 horas en una academia. Eso es formación, pero también lo es enfrentarse a todas las situaciones comerciales, operativas, técnicas y financieras derivadas de un proyecto. A charlas semanales sobre la importancia de la investigación y desarrollo en cualquier empresa de cualquier nivel. A la inversión en desarrollo de proyectos en realidad deficitarios a corto pero muy productivos a largo. En definitiva: inversión en talento. Confianza.

Dejemos la teoría y vayamos a la práctica.

El “¿robo?” de recursos entre partners de nuestro sector Dynamics tiene dos analogías en dos profesiones muy diferentes entre sí y con respecto a la nuestra. Me refiero al jugador profesional de fútbol y al político.

Futbolistas

Soy de los que piensa que un jugador profesional de fútbol es eso, un profesional. Se mueve por dinero sí, pero en el zénit de su carrera profesional lo hace fundamentalmente por una motivación personal y colectiva de anhelo de logros profesionales que justifiquen su existencia en ese deporte.

El jugador profesional de fútbol se mueve de uno a otro equipo, por orden, por dos razones:

  1. Cenar caliente todas las noches.
  2. Consecución de éxitos deportivos.

Que un equipo pague la cláusula de rescisión de un jugador de su rival directo es lógico. Yo lo entiendo y justifico. No hablamos de cantidades, hablamos de la acción en sí. Son profesionales y las cláusulas de rescisión están para eso. De alguna forma compensan al equipo que sufre la pérdida del “¿robo?” de un jugador, al que ha dedicado esfuerzos, dinero y formación.

Políticos

Hay políticos de carrera y hay políticos de carrera y partido. No todos los políticos que forman parte de las principales formaciones políticas tienen carné de partido. Esto es por varias razones, entre otras porque de alguna forma justifican su existencia como estadista y profesional de la política, pero no adscrito, (en un principio), a una ideología y menos a la de un partido en particular. Para mí son freelance de la política. Hoy los ves como ministros y mañana como consultores en empresas a las que, (aunque éticamente cuestionable), pueden inyectar conocimiento y relaciones generadas en su etapa política. Lo que sí es impensable y poco justificable es que un alcalde afiliado del PSOE pase a las filas del PP y viceversa. Sólo hay una razón para que esto pase: dinero y posición. Es este el ejemplo que más se parece al del “¿robo?” de recursos. No importa lo que crean los demás que tú sientas y pienses. Tu motivación es crecer, (lo que ellos creen que es crecer), laboralmente y económicamente. Pero cuando vienen las vacas flacas, la falta de votos que alcancen el número de lista que ocupa el prófugo es cuando vienen los lloros. Se queda fuera: de la lista, de la alcaldía, de la concejalía y por supuesto del partido y de la política en general.

 

Recursos.

Lo que no piensan los recursos que son “¿robados?” es las nulas consecuencias que para los supuestos “¿ladrones?” se producen. Y, por lo contrario, la capital secuela que de por vida manchará el expediente del recurso. Todos sabemos, (en todos los distribuidores de Dynamics), que la primera llamada que se hace cuando a uno se le pone a tiro un nuevo recurso es, siempre, a los directores operativos con los que más confianza tienes para preguntar por el pasado de dicho recurso. Ese otro historial laboral. Siempre ocurre. Hay listas. Negras. Muy negras.

Hace unos meses, en un proceso de selección que llevamos a cabo junto con una conocidísima empresa de selección de personal, de la lista de candidatos que recibí; taché siete de diez porque en el pasado habíamos tenido muchos problemas de todo tipo con esos siete. Además de tacharlos, informé de las causas y aconsejé a dicha empresa que eliminase de su base de datos a esos recursos, siendo tóxicos y poco aconsejables para cualquier empresa. Les ofrecí mi opinión objetiva y subjetiva. Luego corresponde a dichas empresas tomar las decisiones que crean mejor para sus clientes.

Sin embargo, es más dramático cuando te preguntan desde otro distribuidor: “¿Qué tal es este?”, “¿Cómo funciona?”. Y claro…tiras de lista negra y le respondes con una verdad dura y metálica: la verdad del barquero. Esa realidad que el grupo de veintitantos años con silbato e ínfulas de Napoleón no controla, domina, ni se imagina. Y es entonces cuando las posibilidades de encontrar un buen trabajo, (porque trabajos malos los hay a patadas), se reducen a la mínima expresión. Y pasa que tu carrera profesional dura lo que tardan tus piernas en recorrer los dos o tres distribuidores que pueden pagar el salario que crees que mereces recibir sin haber cumplido los treinta, con una falta de profesionalidad que duele y con toda una vida por delante. Y sucede que tu productividad sigue siendo la misma que podías ofrecer tres años antes, cuando pensaste que aprovechar la falta de recursos en su sector te haría de oro. Y resulta que el distribuidor que opina, lejos de ser cainita, sufre una especie de depresión al observar que nada cambia. Porque esa actitud de esa juventud es fiel reflejo de una forma de ser, de una patente de corso que pertenece más a lo que es un país que a lo que es una persona. Y eso jode. Eso te hace sentir pena y pocas esperanzas por el futuro que se espera. Que nos espera. Que les espera.

Y finalmente ocurre que cuando eres recurso y te dejas “robar”, tarde o temprano te das cuenta y casi siempre demasiado tarde que quizás debiste haber tomado otra decisión y en otro sentido.

Ellos no lo saben, pero ya han entrado a formar parte de las listas negras. Y sinceramente, son demasiado jóvenes como para pertenecer a esas listas.

¿No les parece?

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