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Gestión del tiempo: «¡No me llaméis más!»​

24 de octubre de 2017 | Ignacio Hernández

Hace un tiempo nacía la moda del: «No me envíes más correos por favor». Ahora mi intención es poner la moda de: «¡No me llaméis más!». De un tiempo a esta parte vengo notando que el uso de correo electrónico, Skype, Chat de empresa, etcétera se encuentra limitado al preaviso de una llamada:

  • Correo electrónico: «Oye, que te llamo y te cuento una cosa«
  • Skype: «Te voy a llamar en cinco minutos, píllamelo«
  • Chat: «¿Estás? Es que te estoy llamando«

Digo yo, cuando llamas a un amigo, a tu novia, a tu marido, a tu ex mujer, a tu camello o a quien sea y ese quien sea no te coge el teléfono: ¿Qué haces? ¿Le informas en un correo electrónico de un hecho que esa persona ya conoce? Pues lo mismo a nivel laboral.

Cuando las llamadas de móvil costaban dinero entendía perfectamente eso tan «extraño» que se hace ahora de desactivar el buzón de voz. ¿Hoy en día? La mayoría de los planes de tarifa de móvil tienen llamadas ilimitadas o suficientes minutos para perder veinte segundos en dejar un mensaje de voz. No, ahora no. Ahora la moda es llamar como si no hubiera un mañana. No atender una llamada es encontrarte con nuevos intentos durante los diez o quince minutos siguientes. Recibir correos electrónicos está bien. Me gusta. Prefiero recibir cien correos basura con información laboral pero inútil antes que estar atendiendo el teléfono una media de tres horas al día. ¿Quién me paga esas 3 horas? Nadie. Las reuniones inútiles sin nudo y desenlace están siendo suplantadas, (o lo que es peor, complementadas), por llamadas telefónicas hasta para avisar que te van a volver a llamar.

«Cuando llamas a un amigo, a tu novia, a tu marido, a tu ex mujer, a tu camello o a quien sea y ese quien sea no te coge el teléfono: ¿Qué haces? ¿Le informas en un correo electrónico de un hecho que esa persona ya conoce?»

¿Motivos? Yo encuentro varios:

—No dejar testigos

Es bastante común entre los delincuentes de la llamada fácil aquellos profesionales cobardes que no quieren dejar constancia del hecho. Para conseguir ese «escribir en el agua» no hay nada mejor que llamar por teléfono. Es la mejor forma de no dejar testigos; siempre podrá decir ante terceros que él nunca dijo lo que se supone que sí dijo y que al final resultó fatal para el desarrollo del proyecto.

—Fast-Food

La noticia inmediata. La opinión que sienta cátedra en 140 caracteres. La hamburguesa. Todo debe ser rápido y en el momento. Cada vez planificamos menos nuestras tareas diarias. Un correo electrónico bien escrito, resumido y sin adornos resuelve mucho más que una llamada cuya motivación original, objetivo y contenido pueden perderse entre chascarrillo y chascarrillo.

—Parecer que trabajas

Luego hay quien «necesita» llamar por teléfono. No puede evitar colgarse el auricular inalámbrico y pasearse por la oficina hablando contigo de naderías que podría resolver en un mensaje de Skype o en un correo electrónico.

Esos personajes que me agotan la batería, salud y paciencia son los mismos que no resuelven. No ejecutan. Sólo dudan. Plantean problemas. Los señalan bien señalados con luces de gálibo, cono y cinta amarilla para posteriormente salir corriendo o llamarte para decirte que han detectado un problema. Haced un pequeño análisis durante unos días. Anotad los nombres de quienes agotan vuestra paciencia con una o dos llamadas diarias y veréis que se trata de los recursos más improductivos de sus organizaciones.

Y hasta aquí mi desahogo diario. No me llaméis para felicitarme, enviadme un correo electrónico o escribid un mensaje al pie de este artículo. :). Gracias.

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