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Cliente vs. Proveedor o cómo jugar a las palas en la playa.

25 de octubre de 2017 | Ignacio Hernández

Me da por estas cosas de vez en cuando. Analogías. Estoy sentado en la orilla del mar; libro en mano, sombrilla a mi derecha y padre e hijo jugando a las palas a mi izquierda. Observo que golpean la pelota con sincronía. Ésta rebota una y otra vez de una pala a otra de forma plástica. Es casi perfecto. Ninguno de los dos se mueve de su sitio, o quizá sí, pero poco. Un paso a la derecha. Uno más pequeño a la izquierda. Les separa apenas dos metros de arena y todo va bien. Están concentrados y sin embargo disfrutan. En ese momento me viene, como enfermo que soy del asunto no puedo evitar dibujar en mi cabeza la comparación.

Así debería ser la relación Cliente y Proveedor. Dos jugadores en la playa pegando con sus palas a la pelota. Si los dos están concentrados en el proyecto este rebotará una y otra vez con suficiencia y no les supondrá esfuerzo alguno mantener el proyecto vivo. Lucharán por continuar juntos dentro de esos dos metros cuadrados de arena. Puede que tengan que dar un salto a la derecha o dar un paso atrás, pero el proyecto continuará creciendo y pasando de un lado a otro. Cada uno con su parte. Con su pala.

En ocasiones pasa que uno de los dos pega al proyecto con fuerza inesperada. Es bastante probable que por un pequeño lapsus de concentración o qué se yo. Esas cosas pasan. La pelota, el proyecto o lo que sea se eleva en un ángulo inesperado y obliga al contrario a realizar un movimiento extra. Se trata de una acción no esperaba y por lo tanto complicada de gestionar. Es en esos casos cuando el partido corre peligro de finalizar dramáticamente. Dependerá de quien vaya a recibir la pelota el resultado final del partido. Puede canalizar todas sus energías en devolver la pelota o dar por finalizado el juego. Es capaz de correr un poco más, de saltar un poco más alto y de hacer un esfuerzo extra, otra cosa es si querrá hacerlo o no aun sabiendo que las consecuencias serán negativas para ambos. El juego terminaría para los dos, no para uno sólo. Por eso en los juegos de pala siempre hay uno que hace más esfuerzo que el otro; aunque luego ese esfuerzo es recompensado por un cambio de papeles y puesta a prueba en un nuevo pelotazo inesperado pero en sentido contrario. Así es el juego. Se equivocan los dos y de los dos depende continuar jugando.

Cuando en un proyecto las culpas viajan en correo electrónico la pelota cae. Es imposible jugar a las palas y al mismo tiempo perder calorías y salud en analizar la razón por la cual la pelota hizo una curva con un grado u otro.

Juega, pega, mantén la pelota en el aire y luego, cuando todo haya terminado, analiza por qué la pelota se desvió y reparte culpas.

No debe ser muy original este asunto pero creo que es una analogía perfecta de lo que sufrimos día a día en nuestro sector servicios.

Gracias por invertir tu tiempo en leer este artículo.

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